En su libro de memorias -editado en español con el título de Mi vida- la escritora estadounidense Joyce Maynard cuenta que vivía junto a su familia en una casa en las afueras de Hillsboro, una pequeña ciudad en el estado de New Hampshire, EE.UU. Un día un topógrafo golpeó la puerta de su casa.
-Estamos haciendo los nuevos mapas de la ciudad -dijo el hombre-. Como usted y su familia son los únicos que viven en esta carretera, le dejamos escoger el nombre que quiere que le pongamos.
Por supuesto, la pregunta la tomó por sorpresa. Luego discutió el asunto con su familia.
-Imagínense -les dijo a su esposo y sus tres hijos-, de ahora en adelante todos los mapas de Hillsboro llevarán impreso el nombre que nosotros elijamos y será el que le dará todo el mundo.
Su hijo menor, de cinco años, propone llamarle Camino Ciego. Su otro hijo, un año mayor, dice que le pongan Camino Feliz. La hija, unos años más grande, sugiere Quinta Avenida. El marido de Joyce opina que el mejor nombre para la calle es su propio apellido.
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¿Qué nombre le pondrías a tu calle, si pudieras elegirlo? Yo no tengo una respuesta que me convenza del todo. Mi casa de Florencio Varela está en la calle Lieja, una ciudad belga, y la casa donde vivo en Madrid está en la calle de Sor María de Ágreda, una monja soriana del siglo XVII. Ninguno de ambos nombres está demasiado bueno, en particular el segundo.
Hay nombres de calles que son geniales. Por ejemplo, en Madrid está el Paseo de los Melancólicos. Me encantaría vivir en el Paseo de los Melancólicos.


En Claypole, partido de Almirante Brown, hay un barrio donde todas las calles tienen nombres de flores. Un compañero mío de la secundaría vivía en la calle Rosa. Durante mucho tiempo pensé que la calle era Rosas, por don Juan Manuel, pero no, era en singular y por la flor que Sandro cantó. Aquí pueden ver esa zona (no deja de ser gracioso que por allí cerca esté la calle Venancio Flores):
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Qué lindo debe ser vivir sobre la calle Nomeolvides.
Dolina suele hablar de que en la Argentina tenemos la tendencia a ponerles a las calles, a las plazas, a los pueblos, a todo, nombres de personas. Y siempre de las mismas personas. Así, todo se llama más o menos igual en todas partes. ¿Cuántas plazas San Martín hay todo el país? ¿Cuántas avenidas Perón hay en el Conurbano?
En Puerto Madero las calles tienen nombre de mujer, en el centro de Mar del Plata todas las provincias argentinas tienen su calle... Pero me parece que lo más original de todo es lo que pasa en un barrio de Zaragoza, donde las calles tienen nombres de película. Literalmente. Allí uno puede vivir sobre la avenida Casablanca o sobre las calles de Los Pájaros, Desayuno con Diamantes y El Tambor de Hojalata. Aquí también Google viene a darnos una mano:
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La anécdota de Joyce Maynard tiene un final bastante triste. Como un episodio más de la debacle de su matrimonio, el marido terminó imprimiéndole sin consultarla su apellido a la calle. Pero vale el ejercicio:
¿Qué nombre le pondrías a tu calle, si pudieras elegirlo?
